Por su estado de conservación, y arquitectura colonial con elementos naturales como la piedra, bahareque y tapia pisada, es considerado como el “Pueblito más lindo de Colombia”…

Por: Pedro R. Meza

Armónica sinfonía de sutiles tonos cálidos y ocres, con evocadores y románticos atardeceres que tiñen de dorado las fachadas de hermosas casonas preservadas desde tiempos coloniales, Barichara es considerado, con justicia, el “Pueblito más lindo de Colombia”.
En las estribaciones de la cordillera oriental, ubicada sobre una planicie suavemente
ondulada al borde de una meseta, mirador natural sobre el Cañón del río Suárez y desde donde se divisan a lo lejos poblaciones como Galán y La Fuente, “Baltia Chala”, que en el dialecto guane de sus primeros habitantes significaba “sitio alto de descanso poblado de árboles florecidos”, nació inicialmente como sitio de paso para los itinerantes viajeros que empleaban el camino real hacia el centro de la naciente república, y creció en torno a una milagrosa aparición de la Virgen en una piedra; desde entonces gran parte de su existencia gira en torno a la roca amarillenta que abunda en sus alrededores, la misma que hoy en día es materia prima para los hábiles talladores de piedra o “picapiedreros”, convertidos en uno de sus distintivos a nivel nacional.
Ubicada a una altura de 1.350 m.s.n.m. que le confiere un clima cálido y seco de 23°C aproximadamente, pero matizado por frescas brisas y un brillante sol que definen un agradable y acogedor ambiente, invita a la serenidad y el descanso al recorrer sus calles enlosadas en piedra bajo el abrigo de grandes aleros de casonas señoriales uniformemente construidas y preservadas siguiendo lineamientos arquitectónicos que le valieron su merecida denominación como “Monumento Nacional” desde 1978.

Barichara es una hermosa villa cargada de historia y belleza. Cuna de Aquileo Parra, único presidente santandereano que ha tenido el país, se caracteriza por su impactante arquitectura colonial, de elementos totalmente naturales y pertenecientes a su entorno, como la piedra, bahareque y tapia pisada, una antigua manera de construir muros con cañas y piedra mezcladas con barro, originaria de raizales conocimientos, que le ha merecido ser nominada para llevarse el máximo galardón en la XXI Bienal de Arquitectura Colombiana.
Sus grandes casonas con muros en tierra pisada de casi 50 cm. de espesor, de blancas paredes y techos en teja de barro, con puertas de madera, y sus elevados andenes que dan fe de épocas de antaño cuando eran necesarios para que las damas se apearan más comodamente de los caballos, testimonian pasados gloriosos que en Barichara y muchas poblaciones de Santander, como Girón, El Socorro y Zapatoca, entre otras, se mantienen intactos a pesar del paso de los siglos, como si se quisiese detener el paso inexorable del tiempo.
Pero Barichara no solo es contemplación. Tierra fértil y laboriosa, de paisajes encantadores, gente amable con la misma calidez de la rojiza tierra, con manos de talladores y tejedores, todo allí es tradición y cultura: su exquisita gastronomía, que se puede disfrutar en los restaurantes ubicados en cercanías al parque principal, así como las tiendas donde se pueden adquirir deliciosos dulces, el famoso sabajón y productos lácteos; numerosas microempresas artesanales que convierten a la población en una galería abierta al público… todo ello y mucho más, son características que hacen de Barichara un lugar para dejarse atrapar.